Si Esto Anda Mal en tu Vida – Todo Anda Mal

Joel B Groat

Cada vez que lo escucho es un golpe cruel a mi estómago y a mi corazón.

 Un amigo en ministerio me mandó un correo que dijo, 

 "Joel, quiero hablarte de algo personal. Temo que mi esposa está camino a dejar el cristianismo. Mi corazón está adolorido y no se que hacer. Y ella no quiere hablar del tema conmigo. Me gustaría hablar contigo cuando tengas tiempo."

Hablamos ese mismo día. El hombre estaba casi desesperado, y con razón, pues era situación seria. Consumía su pensar. Mucho del problema se arraigaba en la falta de resolver los conflictos entre el y su esposa a través de mucho tiempo. Ya el dolor y las heridas no solo amenazaban su matrimonio, amenazaban su ministerio.

Yo lo entendía demasiado bien. Las veces que yo había entrado en un conflicto serio con mi esposa sin hallar una resolución, me había dejado desenfocado y desorientado.  Casi no podía concentrarme en el ministerio o el trabajo que estaba a mano hasta por fin resolverlo.

Cuando nuestra relación matrimonial anda mal, todo anda mal.

 Es imposible estar en relación seria con alguien sin tener conflicto. Pero el conflicto en sí no tiene que ser negativo, es simplemente el resultado de dos seres imperfectos intentando comunicar y relacionarse. Además, el conflicto puede ser algo que profundiza esa relación cuando resulta en mayor comprensión entre dos personas.

Pero el conflicto no resuelto es una de las tres flechas que hierren la intimidad. Esta flecha penetra la relación cuando hay conflicto que queda ignorada y no resuelta. Es como la espinilla que queda de bajo de la piel y casi no se ve. Se siente inicialmente como una pequeña irritación. Pero si no se extrae por completo se infecta y se hincha y hace doler toda el área alrededor.

 Conflicto no resuelto puede parecer pequeña cosa al comienzo.

  • Un pleito o mal entendido que termina en acusaciones o un silencio frío.
  • Un poco de frustración expresada de repente sin explicación o sin disculpa.
  • Una pregunta ignorada o respondido con susurro exasperado.
  • Una promesa quebrantada, tal vez sin malicia y sin intención. 
  • La falta de tomar responsabilidad por una ofensa cometida.

 Cosas comunes, casi de rutina, pero dejado sin tratar, acumulen, penetran, y dañan la intimidad entre dos personas.

 A veces el conflicto no se resuelve porque uno o ambas personas piensan que “el tiempo cura toda herida.” Tantas veces así se presenta en las películas y telenovelas, pero no funciona así la vida real. Y aunque es cierto que el amor cubre una multitud de pecados, los conflictos no resueltos introducen resentimiento, dolor y amargura a la relación, y cómo las espinillas se hinchan, se infectan y envenenan todo el sistema.

Es más cierto que el tiempo amplía las heridas no tratadas.

 Si vamos a tener éxito en nuestros ministerios y matrimonios, es de suma importancia resolver bien los conflictos y sanar las heridas que resultan.

Aquí hay cinco pasos que ayudan sanar las heridas que dañan nuestras relaciones y perjudican nuestros ministerios y vidas. En esta entrada los presento en breve.  En las próximas entradas los trataré en más detalle.

 5 Pasos para sanar las heridas

  1.  Reconozca que han sido “heridas”.  No son una nada. 
  2. Toma responsabilidad por tu parte, cuan mínima piensas que fuera. 
  3. Traiga la situación ante Dios primero. 
  4. Habla humilde y abiertamente con tu pareja, de corazón. 
  5. Espera y confía en el poder de Dios para obrar cualquier cambio necesario, enfocando en vuestra intimidad con Dios como la fuente de todo lo que necesitas para la vida y el gozo. 

En la próxima entrada trataremos en más detalle los primeros dos pasos para sanar heridas relacionales. Solo así vamos a restaurar la intimidad dañada y tal vez perdida en nuestros matrimonios.

Como líderes cuidar de nuestro matrimonio es cuidar de nuestro ministerio.

 

¿Que son las areas de más confllicto en tu matrimonio?  Compartelos conmigo dejandome un comentario abajo, o mandeme un correo personal.  Joel@irr.org

Deseando lo mejor de Dios para tu vida,

Joel B Groat

 

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